Una investigación del Wall Street Journal ha destapado detalles inquietantes sobre la relación entre el exclusivo club Mar‑a‑Lago, propiedad del presidente de Estados Unidos Donald Trump, y el fallecido financiero Jeffrey Epstein, condenado por abuso sexual y tráfico de menores. Según ex empleados citados por el diario, el club envió durante años a trabajadoras jóvenes de su spa a la mansión de Epstein para dar servicios domiciliarios, pese a las advertencias internas sobre el comportamiento inapropiado del acusado.
El reporte señaló que, entre finales de los años 90 y principios de los 2000, las empleadas —mayoritariamente mujeres jóvenes— eran enviadas a la residencia de Epstein para ofrecer masajes, manicuras u otros servicios, incluso cuando era conocido entre el personal que el financiero podía “sobrepasarse” con ellas.
El hecho que detonó un cambio fue en 2003, cuando una esteticista de 18 años denunció ante sus supervisores que Epstein la había presionado para tener relaciones sexuales durante uno de esos servicios. Según los exempleados, un gerente llevó la queja directamente a Trump, quien ordenó entonces que Epstein fuera expulsado del club. Sin embargo, la denuncia no fue presentada ante las autoridades de Palm Beach, de acuerdo con las fuentes consultadas.
La Casa Blanca emitió una defensa, calificando el reporte de “falacias e insinuaciones” y afirmando que Trump había actuado correctamente al expulsar a Epstein de Mar-a-Lago por su comportamiento.
Este nuevo capítulo se suma a décadas de controversias en torno a la red de Epstein y sus vínculos con figuras de la élite global, y reabre el debate sobre responsabilidad, poder y protección de personas vulnerables, incluso en espacios exclusivos.
