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Secuestro en Juárez: cuando el miedo deja de ser “del otro” y golpea a la ciudadanía común

En Ciudad Juárez no es ya sólo la historia del migrante vulnerable o del empresario con camioneta nueva: el secuestro ha cruzado la banqueta y ahora alcanza a la gente común, a quienes viven de su trabajo diario, al pequeño comerciante, al trabajador de clase media o media-baja que aún lucha por llegar a fin de mes.  

Bajo el titular “¿Quién sigue de ser secuestrado?”, columnistas de medios locales advierten que este delito de alto impacto social ha ampliado su campo de operación, convirtiéndose en una especie de “franquicia barata” para grupos criminales, que buscan víctimas con la expectativa de obtener dinero rápido sin importar el perfil social de la persona afectada.  

Secuestros no son un problema marginal

Si bien históricamente Juárez ha sido conocida por episodios de secuestro vinculados a migrantes o a personas con altos recursos, este fenómeno ya no es ajeno para la ciudadanía promedio. La dinámica actual sugiere que quienes antes eran considerados “objetivos de oportunidad” ahora se ven directamente expuestos a un delito que antes se percibía como lejano o exclusivo de ciertos perfiles sociales.  

Esto coincide con datos oficiales sobre el comportamiento del delito en la ciudad: en los primeros once meses de 2025, la Fiscalía Especializada en Operaciones Estratégicas atendió 135 víctimas de secuestro, de las cuales 94 eran personas migrantes y 41 locales, lo que muestra que la privación de la libertad se ha expandido a distintos sectores de la población.  

¿Qué está pasando en las calles de Juárez?

El secuestro en Juárez no es un fenómeno aislado ni estadística fría: tiene un impacto directo en la vida familiar, social y económica de cientos de hogares. Más allá de cifras, cada caso representa:

• Familias aterrorizadas

• Negocios en pausa

• Hogares con miedo de salir

• Comunidades que ya no sienten seguridad al caminar por su colonia

Organizaciones civiles especializadas y grupos ciudadanos han advertido repetidamente que este delito deja huellas más allá del rescate económico: socava la confianza en las instituciones y modifica la vida comunitaria cotidiana.

Secuestro: problema persistente pese a detenciones

Aunque fuerzas de seguridad han logrado desarticular bandas y capturar a presuntos responsables, el problema persiste. Entre enero y diciembre de 2025 se han registrado docenas de casos, con detenciones de bandas y aseguramiento de armas, pero la reincidencia y la sofisticación del delito siguen siendo motivo de alarma.  

Además, el secuestro no sólo afecta directamente al vecino que desaparece: genera inseguridad comunitaria, miedo a tomar transporte, a caminar de noche, y una sensación de vulnerabilidad extendida que termina por alterar la vida pública de toda la ciudad.

La normalización del miedo es el peor riesgo

Especialistas en seguridad urbana advierten que uno de los mayores riesgos no es sólo el número de secuestros, sino que su recurrencia termine por normalizar el delito. Esto implicaría que la ciudadanía acepte como “normal” lo que no debería serlo jamás, debilitando la exigencia social para una estrategia integral de prevención, atención y justicia efectiva.  

Para muchos juarenses, la pregunta “¿quién sigue?” no es retórica: es una inquietud real que camina con ellos cada día.

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